ARTÍCULOS ORIGINALES

El síntoma como lenguaje relacional del sistema familiar: un análisis etnográfico desde la terapia sistémica en familias de atención primaria en Portoviejo, Ecuador

Mantilla Ana, Gilces Roberto, Castro Karen, Coellar Roberto, Caballero Marcelo, Chinga Vicente, , Zambrano Alberto.

1. Hospital Hesburgh, Ecuador.

DOI: https://doi.org/10.16921/pfr.v11i1.397

PRÁCTICA FAMILIAR RURAL│Vol.11│No.3│Marzo 2026│Recibido: 18/03/2025│Aprobado: 24/03/2026

Cómo citar este artículo
Mantilla A, Gilces R, Castro K, Coellar R, Caballero M, Chinga V, Zambrano A. El síntoma como lenguaje relacional del sistema familiar: Un análisis etnográfico desde la terapia sistémica en familias de atención primaria en Portoviejo, Ecuador. PFR [Internet]. Marzo 2026;11(1). Disponible en: https://practicafamiliarrural.org/index.php/pfr/article/view/397

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Resumen

Desde la teoría sistémica, los síntomas individuales no se comprenden como fenómenos aislados, sino como expresiones relacionales que cumplen funciones dentro del sistema familiar. El presente estudio analiza, desde un enfoque etnográfico, un conjunto de familias atendidas en el primer nivel de atención en Portoviejo, Manabí, Ecuador.
El estudio se basa en el análisis cualitativo de estudios familiares desarrollados en el contexto de la formación en Medicina Familiar y Comunitaria. Se utilizaron entrevistas clínicas, familiogramas, ecomapas y observación participante como fuentes de información. Los datos fueron analizados mediante triangulación temática con el fin de identificar patrones relacionales recurrentes y su significado sistémico.
Los resultados muestran que los síntomas físicos, conductuales o emocionales pueden operar como dispositivos comunicacionales que regulan la cohesión, la distancia y las jerarquías dentro del sistema familiar. Entre los patrones identificados se encuentran la triangulación intergeneracional, la transmisión transgeneracional de patrones relacionales, la confusión de roles y el uso reiterado del sistema de salud como escenario simbólico del conflicto familiar.
Los hallazgos subrayan la importancia de integrar perspectivas sistémicas y culturales en la comprensión del síntoma familiar en atención primaria. En este contexto, el síntoma puede funcionar como una estrategia relacional que permite al sistema familiar mantener su equilibrio frente a tensiones sociales, económicas y emocionales.

Palabras clave: terapia sistémica, síntoma familiar, etnografía clínica, familia extensa, atención primaria, Ecuador

The symptom as a relational language: An ethnographic study of family systems in primary care through the lens of systemic therapy (Portoviejo, Ecuador)

Abstract

From a systemic perspective, individual symptoms are not understood as isolated phenomena but as relational expressions that fulfill specific functions within the family system. This study analyzes, through an ethnographic approach, a set of families attended in primary health care services in Portoviejo, Manabí (Ecuador).
The research is based on the qualitative analysis of family studies developed within the framework of Family and Community Medicine training. Clinical interviews, genograms, ecomaps, and participant observation were used as sources of information. Data were examined through thematic triangulation in order to identify recurrent relational patterns and their systemic meaning.
The findings suggest that physical, behavioral, or emotional symptoms often operate as communicational devices that regulate family cohesion, distance, and hierarchy. Several recurrent patterns were identified, including intergenerational triangulation, transgenerational transmission of relational patterns, role confusion, and repeated use of the health system as a symbolic arena where family conflict is displaced and legitimized.
The study highlights the relevance of integrating systemic and cultural perspectives in the understanding of family symptoms in primary care contexts. In this setting, symptoms may function as relational strategies that allow families to maintain internal balance in the face of social, economic, and emotional tensions.
These results underline the importance of incorporating family-based approaches in primary health care, particularly in sociocultural contexts where extended family structures and gendered roles continue to shape relational dynamics.

Keywords: family systems, systemic therap, family symptom, ethnography, primary health care, Ecuador

 

Introducción

La terapia familiar sistémica plantea que los síntomas individuales no pueden comprenderse adecuadamente si se analizan de forma aislada del sistema relacional en el que emergen. Desde los desarrollos iniciales de la escuela de Palo Alto, se ha propuesto que la conducta humana, incluyendo la enfermedad y el malestar psicológico, forma parte de procesos comunicacionales complejos que se desarrollan dentro de las redes familiares y sociales (Bateson et al., 1956; Watzlawick et al., 1967). En este marco conceptual, el síntoma deja de interpretarse exclusivamente como una manifestación patológica individual y pasa a entenderse como un fenómeno relacional que puede cumplir funciones específicas dentro del sistema familiar.

Diversos autores han señalado que las familias operan como sistemas abiertos que buscan mantener cierto equilibrio interno u homeostasis. Este equilibrio puede preservarse incluso mediante la aparición de síntomas en uno de sus miembros, cuando estos contribuyen a estabilizar tensiones existentes en las relaciones familiares (Jackson, 1957; Minuchin, 1977). Desde esta perspectiva, el síntoma puede funcionar como una forma de comunicación implícita que permite expresar conflictos, regular distancias emocionales o reorganizar jerarquías dentro del sistema.

La teoría sistémica ha descrito múltiples mecanismos a través de los cuales los síntomas adquieren significado dentro de las dinámicas familiares. Entre ellos destacan la triangulación intergeneracional, la confusión de roles, la presencia de fronteras difusas entre subsistemas familiares y la transmisión transgeneracional de patrones relacionales (Bowen, 1978; McGoldrick et al., 2011). Estos procesos muestran que el comportamiento sintomático no es simplemente el resultado de características individuales, sino el producto de interacciones sostenidas en el tiempo dentro de contextos familiares específicos.

Sin embargo, el análisis sistémico de los síntomas familiares no puede desligarse de los contextos culturales en los que las familias se desarrollan. Diversas investigaciones han demostrado que las normas sociales, las condiciones económicas y las estructuras culturales influyen profundamente en la forma en que los conflictos familiares se organizan y se expresan (Menéndez, 2003; Conrad, 2007). En sociedades donde existen limitaciones para la expresión directa del conflicto, los síntomas físicos o conductuales pueden convertirse en formas socialmente aceptadas de comunicación del malestar.

En América Latina, la comprensión de los sistemas familiares requiere considerar además el papel persistente de la familia extensa, la influencia de los mandatos transgeneracionales y las condiciones estructurales que atraviesan la vida cotidiana de amplios sectores de la población. Diversos estudios han señalado que, en contextos de desigualdad económica o vulnerabilidad social, las redes familiares cumplen funciones esenciales de apoyo y regulación, aunque estas mismas dinámicas pueden generar tensiones relacionales que se manifiestan a través de síntomas en algunos de sus miembros (Menéndez, 2003; Jelin, 2017).

El caso ecuatoriano presenta particularidades relevantes en este sentido. Investigaciones sobre la estructura familiar en el país han mostrado que la familia extensa continúa desempeñando un papel central en la organización de la vida social, especialmente en regiones costeras y subtropicales. En estos contextos, las jerarquías generacionales, los mandatos de género y las redes de parentesco influyen en la forma en que se distribuyen las responsabilidades familiares, se toman decisiones y se manejan los conflictos cotidianos (Herrera Ramírez, 2012; Herrera Ramírez, 2016; Dueñas de Anhalzer, 2021).

Estas características culturales adquieren particular relevancia en el ámbito de la salud. En muchos casos, el sistema sanitario se convierte en un espacio donde las tensiones familiares encuentran una forma de expresión socialmente legítima. Las consultas médicas reiteradas, la búsqueda constante de diagnósticos o tratamientos y la persistencia de síntomas sin correlato clínico claro pueden interpretarse no solo como problemas médicos, sino también como manifestaciones de dinámicas relacionales más amplias. En este sentido, el sistema de salud puede funcionar como un escenario simbólico donde se desplazan conflictos familiares que no encuentran otras vías de resolución (Illich, 1976; Menéndez, 2003).

La atención primaria constituye un espacio particularmente privilegiado para observar estos procesos. A diferencia de otros niveles de atención, los profesionales que trabajan en este ámbito mantienen un contacto continuado con las familias y con sus contextos comunitarios, lo que permite una comprensión longitudinal de las dinámicas relacionales que se expresan a través de síntomas físicos o conductuales. En este escenario, la integración de perspectivas provenientes de la terapia sistémica y de la etnografía clínica puede ofrecer herramientas valiosas para comprender la complejidad de los problemas de salud familiar.

En este marco, el presente estudio analiza un conjunto de familias atendidas en el primer nivel de atención en Portoviejo, provincia de Manabí, Ecuador. A partir de un enfoque etnográfico aplicado al análisis de estudios familiares elaborados en el contexto de la formación en Medicina Familiar y Comunitaria, se examina la forma en que los síntomas físicos, conductuales o emocionales pueden operar como lenguajes relacionales dentro de los sistemas familiares.

El objetivo del estudio es comprender cómo estos síntomas se articulan con dinámicas familiares específicas, incluyendo procesos de triangulación intergeneracional, transmisión transgeneracional de patrones relacionales, confusión de roles y utilización recurrente del sistema de salud como escenario simbólico del conflicto familiar. A través del análisis de estos casos, se busca aportar una comprensión más profunda de la relación entre síntomas individuales, dinámicas familiares y contextos socioculturales en el ámbito de la atención primaria.

Análisis del contexto cultural ecuatoriano y manabita

La comprensión del funcionamiento familiar en el Ecuador requiere situar los hallazgos clínicos y etnográficos dentro de un marco cultural específico. Diversos estudios nacionales han señalado que la familia ecuatoriana —particularmente en regiones subtropicales y costeras— se caracteriza por una alta centralidad de la familia extensa, una jerarquización marcada por el género y la edad, y una fuerte valoración del sacrificio familiar como virtud moral (Herrera Ramírez, 2012; Dueñas de Anhalzer, 2021).

En investigaciones desarrolladas en el subtópico ecuatoriano, Herrera Ramírez describe que el ciclo vital familiar no sigue de manera lineal los modelos clásicos europeos o norteamericanos, sino que presenta reacomodaciones frecuentes, retornos al hogar de origen y coexistencia prolongada de generaciones, especialmente en contextos de vulnerabilidad socioeconómica.

En este sentido, el autor señala que la familia extensa actúa como sistema regulador ante crisis normativas y no normativas, aunque a costa de la autonomía del núcleo conyugal (Herrera Ramírez, 2016).

La literatura sobre contexto social en Ecuador también destaca que las condiciones económicas y las desigualdades sociales afectan directamente a las dinámicas familiares, influyendo en la cohesión y en la forma en que se expresan los conflictos internos. Este escenario coincide con las observaciones realizadas en el presente estudio, donde las tensiones socioeconómicas se reflejan en síntomas relacionados con la interacción familiar.

Este estudio se sitúa en la intersección entre etnografía clínica y terapia sistémica, entendiendo la consulta médica como un espacio privilegiado de observación de dinámicas familiares.

Este trabajo, se propone analizar cómo, en familias de Portoviejo (Manabí), el síntoma físico, conductual o emocional opera como lenguaje del sistema familiar, articulando dimensiones clínicas, culturales y relacionales.

Metodología

Diseño del estudio

Se realizó un estudio cualitativo con enfoque etnográfico orientado al análisis de dinámicas familiares en el contexto de la atención primaria de salud. La investigación se fundamenta en los principios de la etnografía aplicada a contextos clínicos, donde el análisis de narrativas y observaciones permite comprender la dimensión relacional de los procesos de salud y enfermedad (Hammersley & Atkinson, 2007).

Contexto del estudio

El estudio se desarrolló en el contexto de la formación en Medicina Familiar y Comunitaria en la ciudad de Portoviejo, provincia de Manabí, Ecuador. Esta región presenta características socioculturales particulares, entre las que destacan la persistencia de estructuras familiares extensas, la centralidad de las redes de parentesco y la influencia de factores socioeconómicos en la organización de la vida familiar.

Participantes y corpus de análisis

El corpus estuvo conformado por 12 estudios familiares elaborados entre 2021 y 2023 en el contexto de atención primaria en Portoviejo. incluyó familias nucleares, extensas, monoparentales y reconstituidas, evaluadas mediante:

La información fue obtenida a través de:

Los estudios familiares fueron analizados de forma anónima y utilizados exclusivamente con fines académicos.

Análisis de datos

El análisis se realizó mediante triangulación temática (Denzin, 1978), identificando patrones recurrentes en las dinámicas familiares y contrastándolos con los principales aportes teóricos de la terapia sistémica.

Los fragmentos etnográficos se presentan de forma textual, en cursiva y entre comillas, con el propósito de preservar la evidencia empírica que sustenta las interpretaciones analíticas.

El proceso analítico se desarrolló de forma iterativa hasta alcanzar saturación temática, momento en el cual los nuevos casos analizados no aportaban categorías interpretativas adicionales.

Consideraciones éticas

El estudio respetó los principios éticos de investigación en salud. Los estudios familiares fueron anonimizados y utilizados exclusivamente con fines académicos, garantizando la confidencialidad de los participantes.

Se realizó un estudio cualitativo con enfoque etnográfico (Hammersley & Atkinson, 2007), basado en el análisis de múltiples estudios de familia elaborados en el marco de la formación en Medicina Familiar y Comunitaria.

Resultados

El síntoma como regulador del sistema familiar

La literatura sistémica describe al síntoma como una respuesta adaptativa del sistema ante tensiones internas (Minuchin, 1977; Haley, 1976). Este fenómeno se observa de forma consistente en las familias analizadas.

En el caso de la familia B–C, la nieta es llevada reiteradamente a consulta por lesiones cutáneas y pérdida de apetito, pese a la ausencia de hallazgos clínicos relevantes:

“Al examen físico se observa una niña con buen peso y talla para la edad, sin signos de desnutrición ni maltrato, aspecto físico saludable”.

Sin embargo, el propio registro revela la función relacional del síntoma:

“Detrás del discurso de la niña con lesiones en piel está el deseo de mantener a la niña en casa junto con sus otros hijos”.

Este hallazgo coincide con lo descrito por Boscolo y Bertrando (1996), quienes señalan que el síntoma puede actuar como un mecanismo de cohesión familiar frente a amenazas de separación.

En la familia Z–B, el problema conductual del niño se explicita como:

“conductas negativas que realiza el niño en su afán de llamar la atención de los padres en busca de afecto”.

Este tipo de manifestación refuerza la noción de síntoma como mensaje relacional (Watzlawick et al., 1967).

El sistema de salud como escenario simbólico del conflicto

Autores como Menéndez (2003) e Illich (1976) han descrito la medicalización como una forma de gestionar conflictos sociales y familiares.

En los casos analizados, el sistema de salud funciona como un espacio donde el conflicto se desplaza y se legitima.

En el caso de la familia A–L se documenta:

“múltiples consultas por control cada mes y solicitudes de desparasitación”, sin correlato clínico objetivo.

Asimismo, se evidencia resistencia terapéutica:

“Se observa la poca colaboración de parte de él para que la niña cure sus lesiones”.

Este patrón se repite en otros estudios, donde se señala:

“la madre ha visitado en varias ocasiones otros médicos… pero nunca cumple con todas las terapias”.

Estos hallazgos se alinean con lo planteado por Haley (1976), quien describe la búsqueda reiterada de ayuda como parte del mantenimiento del problema.
Herrera Ramírez (2020) subraya que, en el contexto ecuatoriano, el sistema de salud cumple un rol cultural adicional: se convierte en un mediador simbólico del conflicto familiar, donde el sufrimiento se legitima socialmente y se evita la confrontación directa.

Esta afirmación dialoga directamente con los hallazgos del presente estudio, donde se observa la reiteración de consultas médicas sin correlato clínico, así como resistencia al tratamiento, confirmando que la medicalización puede operar como una extensión del sistema familiar.

Triangulación intergeneracional y confusión de roles

La triangulación intergeneracional ha sido ampliamente descrita en la teoría sistémica como un mecanismo de regulación de la ansiedad familiar (Bowen, 1978; McGoldrick, 2011).

En el caso B–C se consigna:

“Él realiza el rol parental más que de esposo”.

De forma similar, en la familia Z–B se observa que:

“los hijos hacen lo que quieren por no tener normas ni reglas que cumplir”.

Mientras tanto, el abuelo intenta asumir funciones parentales sin una autoridad efectiva.

Estos datos reflejan lo que Minuchin (1977) denomina fronteras difusas, que dificultan la diferenciación entre subsistemas familiares.

Herrera Ramírez (2016) afirma que la familia extensa actúa como sistema regulador ante crisis normativas y no normativas. Este patrón cultural se evidencia claramente en los casos analizados en Portoviejo.

En la familia Z–C, por ejemplo, el abuelo asume funciones parentales y decisorias, lo cual se justifica culturalmente como responsabilidad moral y protección del linaje familiar.

El propio registro etnográfico señala:

“Él realiza el rol parental más que de esposo”.

Este patrón refleja un modelo de organización familiar coherente con lo descrito para familias subtropicales ecuatorianas, donde la jerarquía generacional prevalece sobre la diferenciación conyugal (Herrera Ramírez, 2012).

Asimismo, estudios sobre familias manabitas destacan que el cuidado de nietos por parte de abuelos no solo responde a necesidades prácticas, sino a una lógica cultural de pertenencia y control afectivo, en la cual retener al miembro más vulnerable del sistema garantiza cohesión y continuidad familiar (Dueñas de Anhalzer, 2021).

Esta lógica se observa cuando el síntoma infantil se convierte en un recurso relacional, como se expresa en uno de los casos:

“Detrás del discurso de la niña con lesiones en piel está el deseo de mantener a la niña en casa junto con sus otros hijos”.

Género, victimización y silencios

Numerosos estudios han documentado cómo el malestar femenino se expresa a través de síntomas cuando la confrontación directa está socialmente restringida (Gilligan, 1982; McGoldrick & Carter, 2001).

En el caso de M–P se registra:

“cada vez son más hirientes las frases de su esposo por el hecho de que ella no desea embarazarse”.

En la familia S–M, la paciente refiere:

“incomprensión de parte de su pareja… maltrato verbal”.

Estos relatos refuerzan la idea de que la somatización y el sufrimiento psíquico femenino pueden funcionar como formas socialmente aceptadas de expresar conflicto (Boscolo & Bertrando, 1996).

El componente cultural de género resulta central. Diversos estudios nacionales han señalado que las mujeres ecuatorianas continúan cargando con el rol de cuidadoras primarias y depositarias del sufrimiento familiar, expresando el conflicto a través del cuerpo o la enfermedad (León, 2017; Herrera Ramírez, 2016).

Esta dinámica se refleja en los relatos etnográficos analizados:

“Refiere incomprensión de parte de su pareja, incluso narra ser maltratada verbalmente”.

El síntoma femenino, en este contexto, se convierte en un lenguaje legítimo dentro de sistemas donde la confrontación abierta está culturalmente restringida.

Transmisión transgeneracional de patrones

La repetición de eventos críticos a lo largo de generaciones constituye un eje central del análisis sistémico (Bowen, 1978; McGoldrick et al., 2011).

En el caso C–Z se menciona:

“el matrimonio inicial empezó muy joven… ciclo que se repite en su hija”.

En otros estudios se explicita:

“los patrones de comportamiento definen la estructura de esta familia… transmisión de patrones transgeneracionales”.

Estos hallazgos confirman que los síntomas actuales se inscriben en narrativas familiares de larga duración.

Por otra parte, investigaciones ecuatorianas han documentado que los cambios demográficos, la migración interna y la precarización laboral han incrementado la frecuencia de familias reconfiguradas, con roles parentales fragmentados y límites difusos (IDE, 2021; UNICEF Ecuador, 2024).

Estas transformaciones favorecen la aparición de síntomas conductuales y emocionales en niños y adolescentes, quienes asumen implícitamente la función de estabilizar el sistema familiar.

Tal como se describe en uno de los estudios:

“Las conductas negativas del niño se realizan en su afán de llamar la atención de los padres en busca de afecto”.

Discusión

Los resultados de este estudio confirman que el síntoma puede comprenderse como un fenómeno relacional más que como una manifestación estrictamente individual, lo cual coincide con los postulados fundacionales de la teoría sistémica desarrollados por la escuela de Palo Alto y posteriormente ampliados por la terapia estructural (Watzlawick et al., 1967; Minuchin, 1977). Desde esta perspectiva, el síntoma cumple una función comunicacional dentro del sistema familiar, permitiendo regular tensiones internas, mantener la cohesión del grupo o preservar determinados equilibrios relacionales.

Los hallazgos etnográficos obtenidos en familias de Portoviejo muestran que esta función del síntoma adquiere características particulares en contextos socioculturales donde la familia extensa mantiene un papel central en la organización de la vida cotidiana. En estos casos, la presencia de abuelos u otros miembros de generaciones anteriores no solo amplía la red de apoyo familiar, sino que también modifica las jerarquías internas del sistema, generando con frecuencia configuraciones relacionales caracterizadas por fronteras difusas y roles superpuestos. Este patrón coincide con lo descrito por Minuchin (1977) respecto a los sistemas familiares con límites permeables entre subsistemas, donde la diferenciación entre roles parentales y generacionales puede volverse ambigua.

En el contexto ecuatoriano, y particularmente en regiones costeras como Manabí, estas dinámicas adquieren una dimensión cultural específica. Diversos estudios han señalado que la familia extensa continúa funcionando como un mecanismo de regulación social y económica frente a escenarios de vulnerabilidad o inestabilidad laboral (Herrera Ramírez, 2016; Dueñas de Anhalzer, 2021). Bajo estas condiciones, el síntoma puede adquirir una función adicional: convertirse en un recurso relacional que permite sostener vínculos intergeneracionales o justificar la permanencia de determinados miembros dentro del sistema familiar.

De manera paralela, el análisis de los casos estudiados sugiere que el sistema de salud puede convertirse en un escenario simbólico donde se desplazan conflictos familiares que no encuentran otras vías de expresión. La repetición de consultas médicas sin correlato clínico claro, así como la resistencia reiterada a los tratamientos indicados, puede interpretarse no únicamente como un problema de adherencia terapéutica, sino como parte de una dinámica relacional más amplia. En este sentido, la consulta médica funciona como un espacio institucional donde el sufrimiento familiar adquiere legitimidad social y puede ser expresado sin confrontar directamente los conflictos subyacentes. Este fenómeno ha sido descrito en la literatura sobre medicalización del malestar social, donde se señala que las instituciones sanitarias terminan mediando tensiones que tienen origen en procesos sociales o relacionales más amplios (Illich, 1976; Menéndez, 2003; Conrad, 2007).

Otro aspecto relevante identificado en el estudio es la presencia de patrones de triangulación intergeneracional. Tal como plantea Bowen (1978), los sistemas familiares tienden a estabilizar la ansiedad mediante la incorporación de un tercer miembro en las tensiones entre dos personas. En los casos analizados, los niños con síntomas conductuales o físicos aparecen frecuentemente como figuras que absorben o canalizan conflictos existentes entre adultos. Este fenómeno refuerza la hipótesis sistémica de que el síntoma infantil puede funcionar como un regulador del equilibrio emocional del sistema familiar.

Asimismo, los relatos etnográficos analizados evidencian la persistencia de patrones de transmisión transgeneracional. La repetición de eventos como uniones tempranas, conflictos conyugales o estilos parentales similares sugiere que determinadas formas de organización familiar tienden a reproducirse a lo largo del tiempo, configurando narrativas familiares que influyen en las experiencias de las generaciones posteriores. Este hallazgo coincide con investigaciones sistémicas que destacan el papel de los guiones familiares y los mandatos transgeneracionales en la configuración de las dinámicas relacionales contemporáneas (McGoldrick et al., 2011).

El análisis también pone de relieve la dimensión de género en la expresión del malestar familiar. En varios de los casos estudiados, las mujeres aparecen como depositarias del sufrimiento emocional del sistema, manifestando síntomas físicos o psicológicos en contextos donde la confrontación directa con la pareja o con otros miembros de la familia se encuentra culturalmente limitada. Este patrón ha sido ampliamente documentado en estudios sobre género y salud en América Latina, donde se observa que las mujeres continúan asumiendo un papel central en el sostenimiento emocional de la familia, incluso cuando ello implica la internalización del conflicto o su expresión a través del cuerpo (Gilligan, 1982; León, 2017).

Desde una perspectiva más amplia, los resultados sugieren que la comprensión del síntoma familiar requiere integrar dimensiones clínicas, culturales y sociales. La terapia sistémica proporciona un marco conceptual útil para analizar estas dinámicas, pero su aplicación en contextos latinoamericanos demanda incorporar elementos culturales específicos que influyen en la organización familiar, la expresión del conflicto y la relación con las instituciones de salud.

En este sentido, la atención primaria se configura como un espacio privilegiado para la observación de estas dinámicas. Los profesionales de salud que trabajan en este nivel asistencial se encuentran frecuentemente en contacto directo con las familias y pueden observar de manera longitudinal los procesos relacionales que se expresan a través de síntomas físicos o conductuales. La incorporación de herramientas provenientes de la terapia sistémica y de la etnografía clínica puede contribuir a una comprensión más profunda de estos fenómenos, favoreciendo intervenciones que no se limiten al tratamiento del síntoma individual, sino que consideren también el contexto familiar en el que este se produce.

Finalmente, los hallazgos del estudio sugieren que el síntoma puede ser interpretado como una forma de comunicación relacional que permite al sistema familiar mantener determinados equilibrios frente a tensiones internas o externas. Esta perspectiva no niega la dimensión clínica del síntoma, pero invita a comprenderlo dentro de un entramado relacional más amplio, donde intervienen factores culturales, económicos y simbólicos. En consecuencia, las intervenciones en salud familiar podrían beneficiarse de enfoques que integren la mirada clínica con el análisis de las dinámicas relacionales, especialmente en contextos de atención primaria donde las familias interactúan de manera reiterada con los servicios de salud.

Conclusiones

Los resultados del estudio muestran que los síntomas familiares no pueden comprenderse adecuadamente fuera de los contextos relacionales y culturales en los que emergen. En el caso de las familias analizadas en Portoviejo, el síntoma aparece con frecuencia como un mecanismo de regulación del sistema familiar, permitiendo mantener determinados equilibrios frente a tensiones internas o externas.

Los hallazgos sugieren que los síntomas físicos, conductuales o emocionales pueden funcionar como formas de comunicación relacional que expresan conflictos no verbalizados, reorganizan jerarquías familiares o sostienen vínculos intergeneracionales.

En contextos socioculturales caracterizados por la centralidad de la familia extensa y por condiciones socioeconómicas complejas, el sistema de salud puede convertirse además en un escenario simbólico donde los conflictos familiares se desplazan y adquieren legitimidad social.

Desde esta perspectiva, la comprensión del síntoma requiere integrar dimensiones clínicas, relacionales y culturales. La incorporación de herramientas provenientes de la terapia sistémica y de la etnografía clínica puede contribuir a una atención primaria más sensible a las dinámicas familiares, favoreciendo intervenciones que no se limiten al tratamiento del individuo sino que consideren también el sistema relacional en el que este se encuentra inserto.

Los hallazgos del presente estudio sugieren que los profesionales de atención primaria pueden beneficiarse de una aproximación sistémica al análisis del síntoma familiar. Reconocer el síntoma como parte de dinámicas relacionales más amplias permite ampliar las estrategias de intervención clínica, incorporando herramientas como el análisis familiar, el familiograma y la exploración de redes de apoyo comunitarias.

Referencias

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