ARTÍCULOS ORIGINALES

La anemia infantil como padecimiento social: un estudio etnográfico en una comunidad rural del noroccidente ecuatoriano

Miguel Obregón G[1]. Alicia Guevara[1]. Isabel Castillo[1]

1. Hospital Hesburgh, Ecuador.

DOI: https://doi.org/10.16921/pfr.v11i1.398

PRÁCTICA FAMILIAR RURAL│Vol.11│No.3│Marzo 2026│Recibido: 12/02/2026│Aprobado: 24/03/2026

Cómo citar este artículo
Obregón M, Guevara A, Castillo I. La anemia infantil como padecimiento social: Un estudio etnográfico en una comunidad rural del noroccidente ecuatoriano. PFR [Internet]. Marzo 2026;11(1). Disponible en: https://practicafamiliarrural.org/index.php/pfr/article/view/398

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Resumen

Introducción: La anemia infantil continúa siendo un problema persistente de salud pública en contextos rurales, a pesar de la implementación sostenida de estrategias biomédicas basadas en suplementación con hierro y fortificación alimentaria. La persistencia del fenómeno sugiere la existencia de determinantes socioculturales que exceden el enfoque nutricional tradicional.
Objetivo: Comprender la anemia infantil desde una perspectiva antropológica, explorando las representaciones sociales, prácticas familiares y significados culturales asociados al padecimiento en una comunidad rural del noroccidente ecuatoriano.
Metodología: Estudio mixto con predominio cualitativo, sustentado en la antropología médica. La fase cuantitativa incluyó revisión retrospectiva de historias clínicas de niños con diagnóstico de anemia ferropénica (Hb < 11 g/dl). La fase cualitativa consistió en trabajo de campo etnográfico con entrevistas en profundidad a informantes clave, análisis del discurso y clasificación de representaciones sociales.
Resultados: Se evidenció persistencia de anemia infantil, bajo cumplimiento de seguimiento clínico y escasa mejoría, independientemente del acceso geográfico a servicios de salud. El análisis etnográfico reveló representaciones sociales consolidadas que interpretan la anemia como debilidad corporal, expresión de pobreza estructural y riesgo de enfermedad grave. Predominan prácticas terapéuticas centradas en la alimentación y una deslegitimación simbólica del diagnóstico biomédico.
Conclusiones: La anemia infantil emerge como un padecimiento socialmente producido y moralmente interpretado. Su persistencia no puede explicarse exclusivamente desde el paradigma biomédico. La incorporación de enfoques socioculturales es indispensable para diseñar intervenciones culturalmente situadas y sostenibles en contextos rurales.

Palabras clave: anemia infantil; antropología médica; representaciones sociales; salud rural; Ecuador

Childhood anemia as a social illness: an ethnographic study in a rural community in northwestern Ecuador

Abstract

Introduction: Childhood anemia remains a persistent public health concern in rural settings, despite the sustained implementation of biomedical strategies based on iron supplementation and food fortification. The persistence of the condition suggests the presence of sociocultural determinants that extend beyond the conventional nutritional framework.
Objective: To understand childhood anemia from an anthropological perspective by exploring the social representations, family practices, and cultural meanings associated with the condition in a rural community in northwestern Ecuador.
Methods: A mixed-methods study with qualitative predominance was conducted, grounded in medical anthropology. The quantitative phase consisted of a retrospective review of medical records of children diagnosed with iron-deficiency anemia (Hb < 11 g/dL). The qualitative phase involved ethnographic fieldwork, including in-depth interviews with key informants, discourse analysis, and the classification of social representations.
Results: Findings revealed the persistence of childhood anemia, low adherence to clinical follow-up, and limited clinical improvement, regardless of geographic access to health services. Ethnographic analysis identified consolidated social representations framing anemia as bodily weakness, an expression of structural poverty, and a potential precursor to severe illness. Therapeutic practices were primarily food-centered, alongside a symbolic delegitimization of biomedical diagnosis and treatment.
Conclusions: Childhood anemia emerges as a socially produced and morally interpreted condition. Its persistence cannot be adequately explained solely within the biomedical paradigm. The integration of sociocultural approaches is essential for designing culturally situated and sustainable interventions in rural contexts.

Keywords: childhood anemia; medical anthropology; social representations; rural health; Ecuador

 

Área de estudio y contexto

Según estimaciones recientes del Global Burden of Disease 2021 actualizadas en 2024, la prevalencia mundial de anemia en menores de cinco años se mantiene alrededor del 30–32 %, con cifras superiores al 35 % en zonas rurales de América Latina y el Caribe (Kassebaum et al., 2024).

En contextos rurales andinos comparables —caracterizados por pobreza estructural, inseguridad alimentaria y limitada diversificación dietética— la prevalencia oscila entre 28 % y 42 %, con persistencia significativa a pesar de programas de suplementación universal (García-Casal et al., 2023; UNICEF, WHO & World Bank, 2024).

El estudio se desarrolló en el cantón Pedro Vicente Maldonado, ubicado en la zona noroccidental de la provincia de Pichincha, Ecuador. El cantón cuenta con una extensión territorial aproximada de 657 km² y se sitúa a una altitud promedio de 600 metros sobre el nivel del mar, en las estribaciones de la Cordillera Occidental de los Andes. Presenta una temperatura media anual que oscila entre 16 °C y 25 °C, con una humedad relativa superior al 70 %, características propias de un ecosistema de bosque nublado, húmedo subtropical y húmedo tropical.

Desde el punto de vista demográfico y social, el cantón registra una población de 12.924 habitantes, de los cuales 724 corresponden a niños menores de cinco años, según datos del último censo nacional disponible. Aproximadamente el 50 % de la población económicamente activa se dedica a actividades agrícolas, seguido de un 20 % vinculado al comercio, la construcción, la manufactura y los servicios de alojamiento y alimentación. El analfabetismo alcanza alrededor del 10 %, mientras que la pobreza afecta a cerca del 60 % de la población. En términos de autoidentificación étnica, el 85 % de los habitantes se reconoce como mestizo (Instituto Nacional de Estadística y Censos [INEC], 2010). Este contexto configura un escenario de vulnerabilidad estructural, relevante para el análisis de los procesos de salud–enfermedad–atención desde una perspectiva antropológica (Breilh, 2010; Farmer, 2004).

El estudio fue desarrollado respetando los principios éticos de la investigación en seres humanos. La revisión de historias clínicas se realizó de forma retrospectiva, garantizando la confidencialidad y anonimización de los datos. Las entrevistas cualitativas se efectuaron previo consentimiento informado verbal de los participantes, resguardando su identidad y asegurando el uso exclusivo de la información con fines académicos y científicos (Council for International Organizations of Medical Sciences [CIOMS], 2023).

Diseño del estudio

Se llevó a cabo un estudio de diseño mixto con predominio cualitativo, sustentado en los principios de la antropología médica y la investigación etnográfica. La fase cuantitativa tuvo un carácter descriptivo y contextual, orientado a identificar patrones clínicos y de atención médica; mientras que la fase cualitativa constituyó el eje interpretativo central del estudio, permitiendo explorar los significados socioculturales asociados a la anemia infantil.

Este enfoque metodológico responde a la necesidad de articular datos biomédicos con interpretaciones sociales, reconociendo que los procesos de enfermedad no pueden ser comprendidos adecuadamente sin atender a las experiencias, representaciones y prácticas de los sujetos involucrados (Kleinman, 1980; Menéndez, 2002; Bibeau & Corin, 1995).

Fase cuantitativa

La fase cuantitativa se inició con la revisión retrospectiva de historias clínicas de pacientes pediátricos atendidos en el Hospital Pedro Vicente Maldonado, institución que brinda atención a la población local, principalmente a usuarios afiliados al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, incluyendo beneficiarios del Seguro Social Campesino.

Se revisaron las historias clínicas correspondientes al periodo establecido en el estudio, seleccionándose aquellos casos en los que constaba el diagnóstico de anemia ferropénica. El criterio utilizado para definir anemia fue un nivel de hemoglobina inferior a 11 g/dl, de acuerdo con los parámetros establecidos por la Organización Mundial de la Salud (World Health Organization [WHO], 2008) para población pediátrica. Las variables analizadas incluyeron sexo, edad, tipo de tratamiento recibido, distancia del lugar de residencia respecto al establecimiento de salud y la existencia de controles médicos y de laboratorio posteriores.

Esta fase permitió contextualizar el problema desde la perspectiva biomédica e identificar brechas entre diagnóstico, tratamiento y seguimiento, información que sirvió como insumo para orientar la exploración cualitativa posterior.

Fase cualitativa y trabajo de campo etnográfico

La fase cualitativa se desarrolló mediante la realización de entrevistas en profundidad a 12 informantes clave de la comunidad, seleccionados por su rol social, su experiencia en el cuidado infantil y su vinculación con procesos de atención de la salud. Entre los participantes se incluyeron miembros de familias, cuidadores principales y agentes terapéuticos locales.

Las entrevistas se orientaron a explorar las creencias, presunciones y criterios interpretativos en torno a la anemia y otras enfermedades de la sangre, abordando aspectos como la fenomenología del padecimiento, sus causas percibidas, el curso de la enfermedad, las prácticas terapéuticas y la relación con los servicios de salud. Este abordaje se inscribe en la tradición etnográfica que privilegia la comprensión del punto de vista del actor social y la construcción situada del significado (Geertz, 1973; Spradley, 1979).

Análisis de la información cualitativa

La información obtenida fue transcrita y organizada mediante un cuadro conceptual explicativo, en el cual las respuestas se agruparon de acuerdo con las preguntas de investigación y la recurrencia de los discursos. Posteriormente, se procedió a la codificación y categorización del material empírico. La saturación de categorías se estableció en función de la frecuencia y densidad de las respuestas, identificándose patrones discursivos recurrentes y núcleos de significado.

El análisis del discurso se realizó a partir de los siguientes procedimientos metodológicos (Prieto Castillo, 1982):

Determinación de ideas núcleo, entendidas como los temas centrales que estructuran el discurso de los informantes.

Modo de predicación, diferenciando entre un modo de estado (conjugaciones pasivas, descriptivas) y un modo de acción (conjugaciones activas, orientadas a la práctica).

Grado de referencialidad, evaluando la cercanía del discurso con experiencias concretas y contextuales de los sujetos.

Posteriormente, se desarrolló una interpretación cultural etnográfica de las categorías identificadas, integrando el marco teórico de las representaciones sociales, según la propuesta de Moscovici (1984) y Jodelet (2008).

Análisis ideológico y clasificación de representaciones sociales

De manera complementaria, se realizó un análisis ideológico del discurso, enfatizando las funciones simbólicas del mensaje y la forma en que se construye el sentido del padecimiento. Se identificaron elementos como la unicentualidad significativa, las consignas de interpretación, la apelación a experiencias decisivas y la visión polarizada de la realidad, siguiendo los lineamientos metodológicos propuestos por Prieto Castillo (1982).

Finalmente, las representaciones sociales fueron clasificadas en un continuo analítico que incluyó representaciones en formación, representaciones en crecimiento y representaciones consolidadas.

Resultados

Articulación entre hallazgos cuantitativos y análisis etnográfico

En la fase cuantitativa de la investigación se identificaron 127 niños con diagnóstico de anemia ferropénica, de los cuales el 63,78 % (n = 81) correspondieron a niñas. La edad promedio fue de 4,3 años (± 3,74). El valor promedio de hemoglobina fue de 10,1 g/dl (± 0,63), compatible con anemia leve a moderada según criterios biomédicos internacionales.

Más de dos tercios de los casos residían en la cabecera cantonal. No obstante, solo el 37,8 % completó seguimiento médico, y apenas un tercio mostró mejoría suficiente. El análisis estadístico no evidenció asociación significativa entre tratamiento y mejoría clínica (p > 0,05), lo que exige una lectura sociocultural del proceso salud–enfermedad–atención (Menéndez, 2002; Farmer, 2004).

Desde una perspectiva antropológica, la ausencia de diferencias estadísticas sugiere que la disponibilidad formal de servicios no se traduce necesariamente en apropiación simbólica del tratamiento ni legitimidad del saber biomédico.

Emergencia del análisis cualitativo: representaciones sociales y discurso

Con el objetivo de comprender las incongruencias entre acceso a servicios, tratamiento biomédico y resultados clínicos, se desarrolló la fase cualitativa mediante entrevistas en profundidad a 12 miembros de la comunidad. A partir del análisis discursivo y etnográfico, se identificaron representaciones sociales consolidadas, organizadas en torno a cinco ejes centrales: fenomenología de la enfermedad, curso esperado, origen, prácticas familiares y rol de la medicina.
La representación social del origen de la enfermedad articula causas intrínsecas y causas sociales o extrínsecas. Entre las primeras, la “debilidad del cuerpo” aparece como explicación central; entre las segundas, se destaca la pobreza, las limitaciones sociales y el maltrato. El análisis del discurso presenta un modo de predicación de estado y un alto grado de referencialidad, como se observa en los siguientes testimonios:

I9_B2T1: “(la gente que tiene dinero)… en la finca tienen vacas; y (la gente pobre) ellos no comen leche, no comen queso; sino alguna frutita, más bien comen arrocito con algo que les llena… hay niños que no comen carne”.

I3_B1T2: “…es porque a veces falta de vitaminas, falta alimentación de las personas que viven en el campo… es la situación económica… se les ven los ojitos amarillos, la cara pálida que tienen anemia”.

I4_B1T1: “Las enfermedades de la sangre aparecen con dolores de cabeza, se pone pálido, flaco”.

La representación social de las prácticas familiares que perpetúan la enfermedad se encuentra ligada a la idea núcleo de la privación alimentaria selectiva de niños y mujeres, priorizando la alimentación del varón proveedor:

I9_B3T3: “…me imagino que los papás son quienes comen mejor…”.

Esta representación pone en evidencia relaciones de género y poder intrafamiliar que influyen directamente en la distribución de los alimentos (Bourdieu, 1980; Mintz & Du Bois, 2002).

La representación social de las soluciones terapéuticas se encuentra altamente consolidada, con una idea núcleo centrada en la alimentación como principal estrategia de curación. El discurso presenta un modo de predicación de acción y alto grado de referencialidad:

I12_B3T1: “Para curar… es la alimentación al cien por ciento… sopa de lentejas, menestras, carne… batidos de mora con acelga…”.

I12_B3T1: “Mis padres me dicen que no debo chupar limón con sal porque me va a dar enfermedad de la sangre”.

Este modelo terapéutico alimentario expresa un pluralismo médico práctico, donde la alimentación opera como tecnología terapéutica legítima (Langdon, 2014).

La representación del rol de la medicina se caracteriza por un cuestionamiento a la eficacia diagnóstica y terapéutica del sistema de salud, con unicentualidad significativa y alto grado de referencialidad:

I4_B3T1: “Los médicos me dicen que no tengo ninguna enfermedad… pero estoy enferma”.

I6_B3T2: “…en la farmacia con tal de vender me dan el tratamiento…”.

I10_B3T3: “Los remedios de los médicos son muy fuertes, pueden matarte”.

Este discurso refleja un proceso de deslegitimación simbólica de la biomedicina basado en experiencias acumuladas de ineficacia percibida (Menéndez, 2002; Kleinman & Benson, 2006).

Fenomenología de la enfermedad: el cuerpo como texto social

La representación social de la fenomenología de la anemia se encuentra altamente consolidada, con una idea núcleo centrada en los cambios visibles del cuerpo infantil, tales como palidez, delgadez, debilidad y somnolencia. El discurso presenta un modo de predicación de estado y alto grado de referencialidad:

I4_B1T1: “Las enfermedades de la sangre aparecen con dolores de cabeza, se pone pálido, flaco…”.

Desde la antropología médica, este tipo de discurso evidencia un modelo empírico-experiencial del padecimiento, donde el cuerpo funciona como un texto legible sin mediación técnica (Good, 1994; Helman, 2007).

Curso de la enfermedad: construcción simbólica del riesgo y la fatalidad

Una de las representaciones más potentes corresponde al curso atribuido a la enfermedad, con la idea núcleo de que la anemia puede evolucionar hacia cuadros graves y potencialmente mortales:

I8_B2T2: “…si no se trata oportunamente puede llegar a ser leucemia”.

Esta asociación opera como una metáfora cultural del riesgo extremo, reforzando una representación fatalista del curso del padecimiento (Kleinman, 1988; Jodelet, 2008).

Origen de la enfermedad: entre lo biológico y lo estructural

Las representaciones sobre el origen de la anemia combinan causas intrínsecas y estructurales, especialmente pobreza y exclusión social. Este eje coincide con los planteamientos de la determinación social de la salud (Breilh, 2010; Menéndez, 2005).

Síntesis analítica

En conjunto, los resultados muestran que la anemia infantil no es vivida como una deficiencia corregible, sino como un malestar socialmente producido, moralmente interpretado y terapéuticamente disputado. El análisis etnográfico permite comprender por qué el acceso formal a los servicios no garantiza resultados clínicos.

Discusión

Estudios publicados en 2025 en The Lancet Global Health y Nutrients señalan que, aunque la suplementación con hierro reduce el riesgo relativo de anemia en aproximadamente 30–45 %, su efectividad poblacional real en entornos rurales depende críticamente de la adherencia, aceptabilidad cultural, presencia de inflamación crónica, parasitosis y determinantes sociales estructurales (Pasricha et al., 2025; Rohner et al., 2025).

Una revisión sistemática multicéntrica publicada en 2026 en BMJ Global Health demostró que las intervenciones exclusivamente biomédicas (suplementación oral intermitente) logran mejoras hematológicas modestas, pero muestran impacto limitado cuando no se acompañan de intervenciones estructurales (agua segura, reducción de infecciones, empoderamiento femenino y educación alimentaria culturalmente adaptada) (Khan et al., 2026).

Estos datos sitúan el presente estudio dentro de un escenario regional donde la anemia infantil mantiene un “núcleo duro” de prevalencia cercano al 30 %, incluso tras décadas de políticas de micronutrientes.

Estudios recientes han reafirmado que la persistencia de la anemia infantil responde a una interacción compleja entre determinantes estructurales, prácticas culturales y limitaciones de los modelos biomédicos estandarizados (Kassebaum et al., 2024; García-Casal et al., 2023). Los hallazgos del presente estudio se inscriben en esta evidencia, reforzando la necesidad de enfoques integrales.

La anemia infantil emerge como un padecimiento socialmente producido, donde convergen desigualdades de género, relaciones de poder intrafamiliar y precariedad estructural, particularmente de las mujeres en contextos rurales (Farmer, 2004; Scheper-Hughes, 1992).

Los resultados dialogan con estudios etnográficos realizados en Nicaragua, Brasil y comunidades latinas en Estados Unidos, donde la anemia es interpretada como debilidad corporal y riesgo de enfermedad grave (Ailinger et al., 2009; Pierce et al., 2006; Langdon, 2014). La asociación anemia-leucemia se consolida como una metáfora cultural de la fatalidad (Kleinman, 1988; Good, 1994).

La persistencia de patrones transnacionales de representación social refuerza la idea de sistemas simbólicos relativamente estables que condicionan la eficacia de las intervenciones sanitarias (Moscovici, 2000; Jodelet, 2008).
En consonancia con la literatura reciente, los hallazgos refuerzan la necesidad de articular la biomedicina con las ciencias sociales, reconociendo a las comunidades como actores activos en la construcción del proceso salud–enfermedad–atención (Pelto & Armar-Klemesu, 2023; Farmer et al., 2023).

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