EDITORIAL

Cuando la prevención se usa para abandonar hospitales: APS cicatero y colapso hospitalario en el Ecuador contemporáneo

Diego Herrera[1]

2. Saludesa Ecuador, Ecuador.

https://doi.org/10.16921/pfr.v11i1.405

PRÁCTICA FAMILIAR RURAL│Vol.11│No.3│Julio 2026│Recibido: 06/05/2025│Aprobado: 21/07/2026

Cómo citar este artículo
Herrera Ramírez D. Cuando la prevención se usa para abandonar hospitales: APS cicatero y colapso hospitalario en el Ecuador contemporáneo. PFR [Internet]. julio 2026; 11(3). Disponible en: https://practicafamiliarrural.org/index.php/pfr/article/view/405

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Resumen

Este artículo analiza críticamente la instrumentalización contemporánea de la Atención Primaria de Salud (APS) en América Latina, con especial énfasis en el contexto ecuatoriano. El autor sostiene que, a diferencia del proyecto emancipador y universalista original de Alma-Ata, las reformas de corte tecnocrático y neoliberal han vaciado de contenido a la APS integral, transformándola en una estrategia selectiva orientada a la contención del gasto fiscal.

Palabras clave: Atención Primaria de Salud, colapso hospitalario, políticas de salud, Ecuador, reformas neoliberales

When prevention is used to abandon hospitals: Stingy primary healthcare and hospital collapse in contemporary Ecuador

Abstract

This article critically examines the contemporary instrumentalization of Primary Health Care (PHC) in Latin America, with a specific focus on Ecuador. The author argues that, unlike the original emancipatory and universalist vision of Alma-Ata, technocratic and neoliberal reforms have hollowed out comprehensive PHC, reducing it to a selective strategy focused on fiscal austerity.

Keywords: Primary Health Care, hospital collapse, health policy, Ecuador, neoliberal reforms.

Hace más de cuatro décadas, la Atención Primaria de Salud (APS) emergió como una de las propuestas más ambiciosas de transformación sanitaria del siglo XX. Alma-Ata no representó únicamente una reforma técnica de los sistemas de salud; constituyó una ruptura epistemológica con la medicina centrada exclusivamente en la enfermedad y propuso comprender el proceso salud-enfermedad desde los determinantes sociales, las condiciones materiales de vida y la participación comunitaria. La promesa de “Salud para todos en el año 2000” expresaba, en el fondo, una aspiración civilizatoria: ampliar radicalmente el acceso a la salud como derecho universal y responsabilidad colectiva del Estado (Organización Panamericana de la Salud [OPS], 1978).

Sin embargo, cuatro décadas después, el escenario latinoamericano revela una paradoja profundamente inquietante. Mientras el discurso sanitario contemporáneo insiste reiteradamente en la necesidad de “invertir más en prevención” y “fortalecer la APS”, millones de personas enfrentan hospitales colapsados, cirugías suspendidas, desabastecimiento terapéutico, ausencia de especialistas y deterioro progresivo de la capacidad hospitalaria pública. En Ecuador, esta contradicción adquiere dimensiones dramáticas: pacientes renales que esperan hemodiálisis, servicios de emergencia saturados, listas quirúrgicas interminables y hospitales que sobreviven administrando escasez como si la precariedad fuese una condición natural del sistema.

El problema no radica en la APS en sí misma. Por el contrario, la APS integral continúa siendo una de las estrategias más importantes para construir sistemas sanitarios equitativos y racionales. El problema aparece cuando el lenguaje de la prevención comienza a ser utilizado como argumento político para justificar el debilitamiento hospitalario. En ese punto, la APS deja de funcionar como expansión de derechos y empieza a transformarse en una racionalidad de “medicina pobre y para pobres” compatible con la reducción del gasto público y la retirada progresiva del Estado de las áreas de atención compleja.

Esta transformación histórica no ocurrió accidentalmente. Como ha señalado Cueto (2004), el proyecto original de Alma-Ata fue progresivamente sustituido por una versión selectiva y tecnocrática de la APS, enfocada en intervenciones mínimas, financieramente sostenibles y políticamente compatibles con las reformas económicas neoliberales impulsadas a finales del siglo XX. La APS integral buscaba reorganizar los sistemas sanitarios bajo principios de universalidad y justicia social; la APS selectiva, en cambio, terminó funcionando en muchos contextos como una estrategia de administración de escasez.

En un editorial publicado en 2018, “APS: la revolución fue controlada”, ya se advertía que las instituciones sanitarias permanecían subordinadas al modelo económico dominante y que la universalidad y calidad de la atención no podían sostenerse con presupuestos mínimos . Aquel texto señalaba además una tensión que hoy resulta todavía más evidente: mientras el discurso sanitario celebraba el incremento de coberturas, persistían profundas limitaciones estructurales relacionadas con calidad, capacidad resolutiva y acceso real a tratamientos complejos . La crítica era particularmente relevante porque identificaba un fenómeno que continúa expandiéndose en América Latina: la transformación de la APS desde una propuesta potencialmente emancipadora hacia un discurso funcional al pragmatismo político y al utilitarismo económico (Herrera 2018).

La evidencia internacional contemporánea respalda esta preocupación. Kruk et al. (2018), en un análisis sobre mortalidad asociada a sistemas de salud de baja calidad en 137 países, demostraron que el aumento de cobertura sanitaria no necesariamente reduce mortalidad si los servicios carecen de calidad, capacidad diagnóstica, recursos terapéuticos y continuidad asistencial. De hecho, los autores concluyen que millones de muertes ocurren no por ausencia absoluta de acceso, sino por atención insuficiente o ineficaz. Esta observación resulta crucial para América Latina, donde frecuentemente se confunde expansión administrativa de cobertura con fortalecimiento real de los sistemas sanitarios. La crisis hospitalaria contemporánea debe entenderse precisamente dentro de esta lógica. El colapso moderno de los hospitales rara vez adopta la forma de una catástrofe visible e inmediata. Se manifiesta lentamente, fragmentado en miles de pequeños daños cotidianos: una cirugía reprogramada indefinidamente, un paciente crítico esperando cama, un medicamento inexistente, un tomógrafo inoperativo, una hemodiálisis suspendida por problemas contractuales o financieros. El sufrimiento hospitalario se vuelve burocráticamente administrado y políticamente invisible.

Esta invisibilidad no es menor. Las sociedades contemporáneas parecen haber desarrollado una extraordinaria capacidad para normalizar el deterioro progresivo de la infraestructura hospitalaria pública. El problema deja entonces de percibirse como una crisis ética colectiva y pasa a interpretarse como una dificultad administrativa rutinaria. La espera terapéutica se naturaliza; el desabastecimiento se vuelve paisaje cotidiano; la precariedad clínica deja de producir indignación proporcional a la gravedad del daño humano que genera.

En este contexto, el discurso libertario contemporáneo encuentra terreno fértil para promover una falsa dicotomía entre prevención y hospital. Bajo esta lógica, invertir en hospitales aparece como gasto improductivo, mientras la prevención adquiere una superioridad moral y económica aparentemente indiscutible. Sin embargo, esta oposición es intelectualmente insostenible y sanitariamente peligrosa. Ningún sistema sanitario complejo puede sostenerse exclusivamente sobre prevención. Toda APS real requiere capacidad hospitalaria, diagnóstico especializado, cirugía, terapia intensiva, rehabilitación y continuidad terapéutica. La prevención no elimina la enfermedad grave; simplemente modifica parcialmente su distribución y oportunidad diagnóstica. Labonté et al. (2014) recordaron que la visión original de Alma-Ata nunca propuso reemplazar hospitales por atención primaria mínima, sino integrar los distintos niveles de atención dentro de sistemas universales robustos. La APS no fue concebida como medicina barata para pobres, sino como reorganización democrática de la salud pública. Reducirla hoy a un argumento de contención fiscal constituye una profunda distorsión histórica y política.

La tragedia hospitalaria ecuatoriana no consiste únicamente en la falta de medicamentos, especialistas o cirugías. Consiste también en algo más profundo: la progresiva naturalización de que millones de personas puedan esperar indefinidamente atención esencial mientras el lenguaje de la eficiencia, la prevención y la austeridad continúa funcionando como coartada moral del abandono estatal. Cuando un país acepta que pacientes renales no reciban hemodiálisis oportunamente, que las cirugías se suspendan durante meses o que los hospitales sobrevivan en permanente precariedad presupuestaria, no está únicamente frente a una crisis administrativa. Está redefiniendo silenciosamente el valor político de ciertas vidas.

El hospital público no es simplemente infraestructura médica. Constituye una de las expresiones más concretas de solidaridad colectiva y responsabilidad social organizada. Una sociedad revela su estructura moral en la manera en que sostiene —o abandona— sus hospitales. Por ello, el desfinanciamiento hospitalario no debe interpretarse exclusivamente como un problema económico: representa también una transformación ética y política sobre aquello que una comunidad considera digno de ser protegido.

Tal vez la pregunta formulada décadas atrás sobre “quién mató la APS” necesita hoy ser reformulada para América Latina. El problema contemporáneo no es únicamente la traición al proyecto original de Alma-Ata. El problema es que el lenguaje mismo de la APS parece haber sobrevivido vaciado de su contenido emancipador, convertido progresivamente en un instrumento discursivo para justificar austeridad, fragmentación y debilitamiento hospitalario. Y cuando la prevención comienza a utilizarse para abandonar hospitales, la salud pública deja de expandir derechos y empieza a administrar escasez.

Referencias

Cueto, M. (2004). The origins of primary health care and selective primary health care. American Journal of Public Health, 94(11), 1864–1874. https://doi.org/10.2105/AJPH.94.11.1864

Herrera, D. (2018). APS: la revolución fue controlada. Práctica Familiar Rural, 3(3).

Kruk, M. E., Gage, A. D., Arsenault, C., et al. (2018). High-quality health systems in the Sustainable Development Goals era: Time for a revolution. The Lancet Global Health, 6(11), e1196–e1252. https://doi.org/10.1016/S2214-109X(18)30386-3

Labonté, R., Sanders, D., Schaay, N., et al. (2014). Is the Alma Ata vision of comprehensive primary health care viable? Global Health Action, 7(1), 24997. https://doi.org/10.3402/gha.v7.24997

Organización Panamericana de la Salud. (1978). Declaración de Alma-Ata. Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud.